Ir al contenido
ES/PT

Cómo explicar un tema cuando no estamos en la misma habitación

La cámara está encendida, el alumno asiente y todo parece entendido. Hasta que llega una pregunta. Cómo hacer que una clase online sea realmente una conversación.

3 min de lectura

Hay algo que ocurre mucho al dar clases a distancia. Terminamos de explicar una idea, preguntamos si se entendió y del otro lado aparece una cabeza que asiente. Excelente. Continuamos con el siguiente tema. Cinco minutos después, la persona intenta resolver un ejercicio y descubrimos que no estaba entendiendo exactamente lo que nosotros creíamos. La cabeza había asentido, pero quizás solo quería decir: «Sí, te estoy escuchando».

En una habitación compartida tenemos pistas que una pantalla no siempre ofrece. Podemos observar cómo alguien mira el cuaderno, señalar una parte de la hoja o notar esa pequeña expresión que aparece antes de una pregunta. En una videollamada, muchas de esas señales se pierden. Si además la conexión falla o alguien tiene el micrófono apagado, la explicación puede convertirse en un monólogo bastante solitario.

La solución no consiste necesariamente en preparar más diapositivas. A veces necesitamos reducir lo que mostramos y abrir espacio para que la otra persona participe.

La diferencia entre explicar y comprobar

Imaginemos una clase de matemáticas. El profesor resuelve un problema en pantalla, paso a paso, y el alumno sigue todo con atención. Hasta ahí, perfecto. Pero cuando le toca resolver uno diferente, no sabe por dónde empezar. No significa que no haya prestado atención. Seguir un razonamiento mientras alguien más toma las decisiones no es lo mismo que construirlo por nuestra cuenta.

Una alternativa es detenernos a mitad de la explicación y preguntar qué paso daría el alumno después. Otra consiste en dibujar dos posibilidades y pedirle que elija cuál tiene más sentido y por qué. Incluso podemos pedirle que explique el procedimiento con sus propias palabras. No buscamos atraparlo en un error, sino descubrir qué parte de la idea necesita un poco más de trabajo.

En una clase de idiomas pasa algo parecido. Podemos explicar una estructura gramatical de forma impecable, pero también conviene abrir una conversación en la que el alumno necesite utilizarla para contar algo propio. Allí aparecen preguntas que ningún ejemplo preparado había previsto. Y, curiosamente, suelen ser las preguntas más útiles.

Cuando una idea resulta difícil de explicar únicamente con palabras, dibujar puede ayudarnos. Una flecha que conecta dos conceptos, una línea de tiempo con tres momentos o un esquema mal hecho pero comprensible puede servir más que otra explicación de cinco minutos. Una pizarra online permite construir esas imágenes mientras conversamos, sin exigir que todo esté listo desde antes de la clase.

Eso no significa que debamos escribir constantemente. Si la pantalla está llena de flechas, textos y colores, el alumno podría terminar intentando descifrar el dibujo en lugar de atender a la explicación. Conviene mostrar una relación por vez y dejar que las preguntas indiquen qué agregar.

Hay otra costumbre que ayuda: no llenar todos los silencios. Después de una pregunta, algunas personas necesitan pensar. Ese intervalo puede sentirse eterno por videollamada, pero interrumpirlo enseguida con nuestra propia respuesta les quita la oportunidad de intentarlo.

Antes de terminar, podemos reservar unos minutos para que el alumno reconstruya lo aprendido sin mirar nuestra explicación. Una pregunta breve, un ejemplo nuevo o incluso un dibujo suyo pueden mostrarnos mucho más que aquel «sí, entendí» del comienzo.

Si necesitás una superficie donde dibujar y compartir pantalla, Orbitrama permite abrir una pizarra sin registro y empezar a trabajar. No permite actualmente que todos dibujen de forma simultánea, por lo que conviene usarla como apoyo mientras explicás.

Al final, dar una buena clase online no depende de imitar perfectamente una clase presencial. Depende de encontrar maneras de hacer visible algo que en cualquier aula puede pasar desapercibido: lo que la otra persona está pensando mientras nosotros hablamos.

F. J. Levin

Revisado y aprobado

CompartirEnviar por WhatsApp

¿Quieres aprender con método, y con alguien al lado?

En el Instituto hay clases de español y portugués en vivo, con acompañamiento entre clase y clase.

Conocer el Instituto

Sigue leyendo