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La diferencia entre memorizar y aprender

Recordar algo no siempre significa haberlo comprendido. Descubre qué diferencia existe entre memorizar y aprender, y cómo aprovechar ambos procesos.

3 min de lectura

Hay una situación que seguramente conoces. Estudias durante horas, repasas el contenido varias veces y, cuando llega el examen, consigues responder casi todas las preguntas. Pero pasan varias semanas y, cuando alguien te pregunta sobre eso que estudiaste, apenas recuerdas una pequeña parte.

¿Qué pasó con todo ese conocimiento? ¿Realmente lo aprendimos o simplemente lo memorizamos para una ocasión específica? Solemos hablar de memorizar y aprender como si fueran la misma cosa. Pero la diferencia se nota, sobre todo, cuando necesitamos utilizar aquello que estudiamos.

Memorizar también es importante

Primero tenemos que aclarar algo: memorizar no es malo. De hecho, sería bastante difícil aprender sin memoria. Piensa en las tablas de multiplicar, las palabras de otro idioma o las reglas de tránsito. Hay información que necesitamos recordar para utilizarla sin detenernos a pensar en cada detalle. La memoria nos permite recuperar conocimientos anteriores y aprovecharlos para resolver situaciones nuevas.

El problema aparece cuando creemos que recordar algo significa haberlo entendido. Podemos memorizar una fórmula matemática sin saber cuándo utilizarla, repetir una definición sin entender qué significa o aprender una frase en otro idioma sin poder adaptarla a una conversación real.

Imagina que estás estudiando un idioma y memorizas la frase «¿Dónde está la estación de tren?». Después de repetirla varias veces, consigues pronunciarla perfectamente. Ahora necesitas preguntar dónde queda una farmacia. Si comprendiste cómo funciona la pregunta, probablemente puedas adaptarla. Pero si solo memorizaste los sonidos y las palabras en un orden específico, tal vez no sepas por dónde empezar.

Ahí encontramos una de las diferencias más interesantes: aprender nos permite usar lo que sabemos en circunstancias que no son exactamente iguales a las que practicamos. Eso no significa que tengamos que comprender absolutamente todo desde el primer momento. Muchas veces comenzamos memorizando y, de a poquito, descubrimos cómo se relacionan las ideas. Otras veces comprendemos una explicación, pero necesitamos practicarla para recordarla cuando haga falta. Ambos procesos trabajan juntos.

¿Por qué olvidamos tan rápido lo que estudiamos?

A veces creemos que aprendimos algo simplemente porque nos resulta familiar. Cuando leemos el mismo párrafo cinco veces, las palabras comienzan a resultarnos conocidas. Todo parece claro, especialmente porque tenemos la información frente a nosotros. Pero basta con cerrar el libro e intentar explicar lo que acabamos de leer para descubrir cuánto recordamos realmente.

Las investigaciones sobre aprendizaje han estudiado dos prácticas especialmente útiles: intentar recuperar información sin consultar el material y distribuir las sesiones de estudio a lo largo del tiempo. Ambas pueden ayudarnos a recordar mejor lo aprendido. Por eso, releer durante tres horas seguidas no siempre produce mejores resultados que estudiar en varios momentos y comprobar lo que realmente recordamos.

Y cuando intentamos explicar un concepto con nuestras propias palabras, también aparecen dudas que quizás no habíamos notado mientras leíamos. Puede que entendamos perfectamente el comienzo de una explicación, pero nos quedemos sin palabras cuando intentamos llegar al final. Eso también nos ayuda a descubrir qué necesitamos seguir practicando.

La próxima vez que estudies algo, prueba con un pequeño ejercicio. Después de leer una explicación, cierra el libro e intenta responder tres preguntas: ¿qué significa?, ¿cómo se relaciona con lo que ya sé? y ¿en qué situación podría utilizarlo? Si no consigues responder, vuelve al contenido y busca lo que te falta. Después, intenta explicarlo nuevamente, sin copiar las palabras originales.

También puedes inventar un ejemplo, resolver un problema diferente o explicárselo a otra persona. Y, algunos días después, comprobar cuánto recuerdas sin mirar tus apuntes. Memorizar tiene su lugar. La cuestión es qué hacemos después con eso que recordamos.

Al final, aprobar un examen está muy bien. Pero sería todavía mejor que, semanas después, aquello que estudiamos siguiera sirviéndonos cuando ya no tenemos el libro abierto delante.

F. J. Levin

Revisado y aprobado

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